Entonces llegué a pensar que si no limpiaba mi casa tendría
una vida más interesante, porque tendría más tiempo para pensar y hacer otras cosas, quizás relacionarme con gente. Que un poco de polvo estaría bien, como
un signo de alguien activo y desinteresado de las cosas sin importancia. Yo no
era así, yo limpiaba, empezaba a detectar polvo enganchado en los bordes de las
puertas, agarraba un trapo y lo eliminaba, continuaba por otras partes de la
casa, y así se pasaban las horas. No eran horas perdidas, porque al final cada
sección...